martes, 11 de agosto de 2009

PUEBLO PERDIDO



TÍTULO 2º
CANTOS DE PATRIOTAS
CAPÍTULO VII
LA ISLA

El "puente del progreso" ha caído completamente con la última subida del río Cachapoal... y no sólo eso. Julio a traído desastres con un invierno muy lluvioso. La cordillera de los andes ha dejado caer sobre el valle gran parte de sus reservas de nieve, que rodando quebrada abajo, termina aumentando considerablemente el caudal del río. Los picunches, acostumbrados a interpretar las señales que la madre naturaleza les ha dado por milenios, han tomado sus precauciones y desde hace meses han estado reforzando la rivera este del río con pesadas rocas traídas desde el cerro Millahue. Han logrado crear un formidable muro de extensos 20 kilómetros hasta llegar a la punta del cerro que descansa sobre el río. Han previsto que su gente y sus tierras estarán a salvo este invierno.

Los inquilinos de la hacienda de San Matías, recién bautizada así en honor a su dueño, no han notado lo importante del trabajo que se realiza al otro lado del río y se mofan de verlos trabajar tanto para nada. Incluso creen que es un muro fronterizo, lo que les causa risas por que se han quedado sin rio por levantar tan imponente muralla.

Pero la naturaleza habla y cuando lo hace, castiga a los sordos. Una noche lluviosa, la Hacienda se despierta con el agua hasta el cuello, casas arrastradas por un torrentoso brazo del rio que ha buscado nuevo cauce, partiendo la hacienda en dos. Por momentos, los afligidos inquilinos, creyeron que sería momentáneo, pero no, el rio ha reclamado nuevas tierras y abraza en su interior, una extensa porción de bosques nativos que don Matías había anexado a su hacienda desde ya hacía mucho tiempo, por estar situadas más acá del río. Ahora, esos bosques, principalmente de sauce, peumos, boldos, canelo, y maqui, dejaban de pertenecerle, por disposición natural.

Con los años, y para pesar de don Matías, esa extensión de bosques, llamada por los lugareños "La Isla", fue ocupada por familias indígenas, que descubrieron en ella una rica fauna de conejos y liebres, muy apetecidos en su mesa. Además los niños disfrutaban cada verano del rico fruto del maqui, que con su estilizado tallo y hermoso follaje verde claro, deleitaba a todos con sus racimos de grano oscuro que dejaba los labios morados con su curativo tinte. Ningún niño había dejado de probarlo tan sólo por prescripción del curandero del lugar.

El peumo, botando su fruto rojizo de pequeñas proporciones, permitía a los más silenciosos su consumo, manteniéndolo previamente, por algunos minutos en su boca cerrada para ablandarlo. De ahí surgió el dicho que "Quien habla mucho, no cuece peumos". Por su parte el boldo les concedía la glucosa necesaria para una larga caminata.

Esa hermosa isla refugiaba a los fugitivos inquilinos que cansados de los azotes del patrón, se lanzaban al río huyendo. No era extraño que jamás volvieran. Según el patrón, por que estaban muertos. Pero nadie vuelve al infierno si conoce el paraíso. Era además, el sitio de aprendizaje de los jóvenes picunches para la guerra, la caza y la pesca.

Entrando en ella, la magia se apoderaba del hombre, perdido entre tanta imponente naturaleza. Los nativos del lugar, nunca cortaban un árbol sin plantar dos pequeños en su lugar, eso permitía contar con hermosos ejemplares que sumaban anillos por muchos años en su corteza. La isla sería el lugar más misterioso para los inquilinos de la hacienda, lleno de mitos y leyendas terroríficas, inventadas por el patrón, para evitar deserciones entre su gente, lugar de brujas y morada del diablo. Y para los nativos, el lugar más importante, donde un niño sonreía al viento, ocultándose del sol, donde dejaban de ser niños para ser jóvenes adultos, donde sentían la primera gran emoción de la caza y la pesca, el orgullo de sentirse capaces de llevar comida a su hogar, donde su madre los recibía con esa mirada llena de orgullo, y felicidad, para luego cocinarles el más sabroso conejo, o pescado que jamás habían probado: el que ellos mismos había conseguido con sus habilidades y destrezas.

2 comentarios:

Anne dijo...

Creo, que todos deberiamos de tener una Isla , asi, para poder escapar de nuestros "demonios", y recuperar, ese niño que todos llevamos dentro.-
Que bueno, lo que escribes Ivan, que bueno, que un dia Valentin, diga, "eso lo escribio mi papa".-
Cariños, desde Montevideo
Anne

ivan-medina dijo...

gracias anita, tus comentarios siempre me inspiran y animan mucho.
Espero que a mi hijo le gusten las letras o el arte, pero que no se le ocurra ser abogado, jaja.
Un abrazo para vos desde Iquique "tierra de campeones"... (al menos eso dicen los iquiqueños, jeje)