miércoles, 29 de julio de 2009

PUEBLO PERDIDO


TÍTULO 2º
CANTOS DE PATRIOTAS
CAPÍTULO V
ACTOS POSESORIOS

"Los gobiernos, muchas veces, bajo el estandarte del Derecho, arrasan con costumbres ancestrales que son compartidas por el hombre por más tiempo que la creativa ley".

La Hacienda de don Matías está de fiesta, los peones corren de un lado para otro con tanto trajín. El patrón ha ordenado matar diez chanchos para tratar como Dios manda al Señor Juan del Rio, delegado especial del gobierno para evaluar e informar sobre la administración del valle que pretenden convertirlo en Comuna bajo el nombre de Coltauco, tal como lo bautizaran los "Picunches", o mas bien conocidos como "los hijos de los mapuches", raza bravía que nunca fue derrotada por los invasores españoles. En ese dialecto y por el eterno canto nocturno de las ranas, pasaría a llamarse como "agua de renacuajos". Sin importar su significado, la difunta madre de don Matías, siempre había respetado ese nombre al oirlo de boca de una aborigen que cuidaba de ella en sus últimos días. En su lecho de muerte, había sentido un gran interés por hacer perdurar algop de los ancestros del lugar, algo que nunca nadie entendió, sobre todo cuando le pidió a su hijo que dejara volver con sus familiares a la "niña" que con tanto cariño la cuidara. El patrón, como hombre de honor, cumplió sus deseos y devolvió personalmente a la "india" a su clan, allende Millahue.

Las mujeres caderas alzadas a la orilla del río, laban las entrañas de los cerdos para luego hacer las "prietas" o "moras" con la sangre derramada sobre el balde de madera y suchos de fierro. Los hombres del servicio doméstico con sendos cuchillos afilados desmembran sus carnes jugosas para seleccionar lomo de costillas y llevar lo más sabroso a la mesa. Las hogueras pasaron a brazas y el asado y las carnes fritas en aceite de olivo dan ese sabroso aroma a carne de chancho. Todos están invitados a la comilona. En la parte alta, en el corredor de la casa patronal, Don matías, sus hermanos hijos y cónyuge compartiendo mesa con el sacerdote del pueblo, y las visitas bien. Abajo en el patio, debajo del imponente parrón de uva moscatel, los inquilinos y sus familias. Tan especial panorama no se había dado jamás, ni se volvería a repetir.

Mas tarde, cuando el sol se deja caer en la cima del quillayquén y los pájaros regresan a sus moradas en el monte, el delegado del gobierno ha comprendido que su informe deberá ser muy acorde a los intereses de tan magnífico anfitrión. Surge entonces la pregunta obvia entre tanta copa de vino y "chacolí"
- Don Matías, diga Usted... qué le gustaría que hiciera nuestro presidente por este lugar?
El silencio se apodera de la mesa. El interrogado toma la servilleta con sus dos manos y tras pasarla refinadamente por sus labios exclama:
- Humildemente, amigo mío, sueño con que este lugar siga siendo tan hermoso y tranquilo como hasta ahora, no necesitamos nada!.
El cura presta ropa y alzando la mano con su copa casi grita:
-¡brindo por eso y por el amigo del gobierno aquí presente!
Una carcajada colectiva de complicidad entendida sella el momento. El invitado se retira a su cuarto de visita ilustre con servidumbre femenina incluida. Al día siguiente, después de almuerzo, se aleja por el polvoriento camino al norte en el carruaje destinado a tan largo viaje. Nada se supo de él por muchos años... seguramente el informe favorecía a los conservadores líderes del lugar.

Poco tiempo de transcurrido ese hecho, una comitiva de gente de trabajo, cruza el puente para llegar hasta la zona llamada "El rulo", por la secanía de sus tierras. La familia zamorano manda construir los primeros mojones de piedra y barro con la frase "Tierras de Zamorano" rodeando el cerro del nuevo valle.

Al regresar los hombres blancos a la Hacienda de Coltauco, los nativos del lugar, silenciosamente apostados a orillas de un claro arrollo rodeado de canelos, van destruyendo uno por uno los itos dejados en el lugar por tan indeseable visita. Esas son sus tierras, más bien, la tierra de todos... la madre tierra... generosa con todos, pero nunca esclava de un extranjero "huinca" codicioso... No será fácil ocupar esas praderas llenas de leyendas y costumbres antiguas. Mientras pa ra unos pocos nacen sueños de expansión, otros ven malos presagios para toda su gente... la luna extrañamente se ha teñido de rojo esa noche. Los dioses han hablado... se vienen tiempos de guerra.

3 comentarios:

Anne dijo...

Que buen relato, Ivan. . . . de esos . . . . que te hacen sentir parte de él. . . disculpa mi ignorancia. . . me gustaria me dijeras quien es su autor.-
Cariños

Anne

ivan-medina dijo...

QUERIDA ANNE... GRACIAS POR TU OPINIÓN...EL RELATO ES MÍO. SE LO DEDICO A MI TIERRA NATAL COLTAUCO. QUE BUENO QUE TE GUSTÓ. TE INVITO A QUE LEAS LOS DEMÁS CAPÍTULOS, DESDE EL MÁS ANTIGUO HASTA LOS QUE SEGUIRÉ ESCRIBIENDO. UN ABRAZO Y CARIÑOS PARA "VOS".

Anne dijo...

Ivan. . que buen "relator", eres. . . mira no es facil. . . hacernos parte del cuento. . y tu lo logras, a la prefeccion, te diria, ya me sentia en esa fiesta. . .leere , el resto, sin dudas.-
Cariños. . . para vos, jaajjaj

Anne