jueves, 1 de octubre de 2009

PUEBLO PERDIDO



TITULO 3
HISTORIAS DE PUEBLO
CAPITULO V

EL NIÑO PRÓSPERO

"La felicidad no se compra... nos la regalan sólo los que pueden y deben darla"

Por los recodos del valle, la nueva familia ha llegado, dejando su cansado tranco marcado en la polvorienta calle. Nadie corrió a recibirlos, sólo recibieron cortas y desconfiadas miradas. No hubo jarras de agua limpia y clara para aplacar su sed, ni pan amasado con chicharrones para aquietar el sonido de sus entrañas pidiendo comida. La madre naturaleza les dio algo de agua que corría libre por las rocas y alguna que otra fruta silvestre de exquisito sabor.

La mujer cargaba un tremendo saco con ropas para sus tres hijos, todos infantes, muy pequeños para ser considerados hombres. La vida le dio la espalda cuando le arrebató a su esposo en la guerra y el estado sólo le dio unas pocas monedas que ahora ocupaba para buscar a sus parientes, ocultos en estos rincones del mundo.

Los niños con su cara empolvada sólo trataban de disfrutar con angustioso temor de aquel hermoso paisaje. La madre un tanto nerviosa con tanta carga, trataba de mantener su erguida postura de mujer luchadora.

-Disculpe usted, señora, ¿conoce a don Macario Acevedo?
Pero la respuesta era siempre la misma
-no, señora, no se le conoce por acá.
La mujer cansada, podía sentir a medida que pasaban las horas, la desesperación del que busca lo que nadie encuentra.

Ya oculto el sol al oeste del pueblo, un arriero que pasaba le dio algunas esperanzas al decirle que don Macario ya había muerto, pero que podía encontrar a su hermana doña Isabel y a su marido, don José Zambrano, a la vuelta del callejón de los perros, llamado así por abundar en aquel sitio ese formidable canino.

Desde entonces, el aullido de los perros, llevó a la agotada mujer hasta el portón de una casa inmensa, de dos pisos y un enorme patio adornado de una alargada palmera. Era la imagen de su esperanza de una mano tendiéndose ante su reciente sufrimiento y desconsuelo de madre sola.

La señora Isabel, impactada con tanto infortunio abrazó a la pequeña familia para aminorar su sufrimiento y dar lugar a su cristiana vocación.

Sin embargo, las cosas no estaban para caridades mayores y la madre viuda tuvo que disponerse al corto tiempo a emprender nuevos rumbos en busca de trabajo. Sin embargo la familia Zambrano Acevedo se comprometió a criarle a uno de sus hijos, el menor, llamado también José Ignacio, convirtiéndose en sus padrinos religiosos.

Los demás hermanos, fueron llevados por su progenitora a servirle en Santiago a los Curas Jesuitas, con la esperanza de hacer de ellos unos hombres de Dios o de bien.

En principio el pequeño José Ignacio, disfrutó de las bondades de las tierras de su padrino y del cariñoso arruyo de su tía, pero luego, con cada noche que llegaba, extrañaba el abrigo de su madre, su olor y su ternura. Y cada vez que la madre viuda, tras sus esporádicas visitas se disponía a regresar a su trabajo, distante a muchas horas de viaje, el menor en llanto desconsolado le rogaba se fuera con el juntos de la mano. Como eso no sucedería, siempre la madre se perdía a la distancia en aquel largo camino escuchando el llanto de su hijo de rodillas sobre el suelo y sus manos agarrotadas suplicando lo llevara. La mujer con el corazón roto en mil pedazos, cada vez deseaba menos visitar a su hijo por evitarse tan doloroso momento de la despedida.

Así, un día frio de octubre, decidió visitar por última vez al pequeño José Ignacio. Su voz era distinta, su corazón le decía que no era posible... su mente la determinó a pensar que era lo mejor para él.
- Comadre, el niño sufre mucho al verme partir cada vez que lo veo. Tendré que dejar de venir.
La anfitriona se sorprende, pero entiende su decisión.
- María, usted deje pasar un tiempo, pero igual venga, el "nachito" tiene que verla, aunque aquí no le faltará nada.

Esa tarde, cuando los zorzales y las codornices se ocultaban entre las moras para dejar pasar la noche y recibir al sol de mañana, María se despide por última vez de su pequeño. Con lágrimas en los ojos y el alma rota.
-Hijito, Usted siempre estará en mis oraciones. Hágale caso en todo a sus padrinos y sea un hombre bueno siempre. Aquí usted tiene futuro, a mi lado sólo pasará hambres y desconsuelos.
Pero José Ignacio prefiere el fatigoso apetito no satisfecho a cambio de estar con su madre. Las lágrimas recorrieron desde sus mejillas hasta sus pies hasta secarse todas, fue su llanto más largo.

Con los años cada vez que el pequeño asomaba la ventana que daba al largo camino de llegada de viajeros y visitas, se convencía de que tendría que algún día salir a buscar a su madre, por que ella nunca más volvería. Lamentablemente, cuando era ya un joven y pudo buscarla, sólo pudo compartir con ella unos meses de su agonía. Su vida nunca fue buena y la dio por magros empleos y mucha soledad. Sus otros dos hijos, tuvieron al menos la suerte de verla más seguido.

Cuentan que en su funeral no derramó lágrima alguna, por que ya no le quedaban. Y nunca alma alguna le vio llorar de adulto.

Cuando se convirtió en heredero de los bienes, fundos, bosques y viñas de sus padrinos, fue reconocido como un hombre rico, de la clase social superior de las tertulias y paseos dominicales en la vecina localidad pudiente de Doñihue. Pero nunca valoró sus riquezas, su pena nunca pasó.

Sus hermanos pobres, muchas veces lo visitaron para pedirle ayuda y el en absoluto mutismo, les arrojaba el dinero pedido, pero nunca se los dio en sus manos. Muchos creían que no los quería por que no vivió lo suficiente con ellos, pero lo cierto era que los envidiaba con locura, por que nada tenían salvo el recuerdo de su madre que el tempranamente había perdido.

Años después, cuando su vida ya iba en retirada, perdió sus tierras, engañado por supuestos amigos que lo emborrachaban, después de pagarle el precio de la venta, para robar luego su dinero mientras dormía ebrio. Abandonó a sus amores y a sus propios hijos, los cuales, años después, forjaron su partida.

Colgado de una viga una mañana, los esperó a todos tras haber sido notificado de que lo poco que le quedaba, pasaría a sus hijos por ser un disipador. Ellos, incentivados por el deseo de heredar algo de su fortuna, que día a día se iba, obtuvieron una sentencia de interdicción por disipador y un funeral, de quien se esperó un día, fuese un niño próspero.



(Dedicado, con pesar, a mi abuelo Valentín, que nunca ví)

9 comentarios:

Anne dijo...

Hola ivan:
Wowwww, mi amigo, que relato, y cuantas lecturas. . . . primero, cuanta injusticia social. . .. que muchas veces hace que , las madres tomen esas decisiones, que parecen las mas correctas, . . . pero creo , que nada se compara con el amor de madre. . . . la otra lectura, es que el dinero, es solo eso . . .dinero, no es el aval de nada. . . .
Que triste su final. . . .
Me gusto mucho tu relato como siempre. . . y el dia que saques tu libro, el primer autografo sera , para esta tu colega, medio gemela, jajjaja

Cariños

Anne

ivan-medina dijo...

jaja...gracias amiga uruguaya (que suena algo así: "uruguacha")...jeje. Tus comentarios siempre son una fuente de inspiración. Espero que todo ande bien por esos lados. Un abrazo.

pais magico dijo...

Hola amigo, pasaba solo a saludarte pues ahora no tengo tiempo de leerte tengo que marchar.. pero volvere y leere tu relato.

Besitos magicos..
y te deseo que pases un feliz fin de semana.

Juntas pero no revueltas. dijo...

Hermosa historia, la verdad es que nadie es libre, las circunstancias hacen nuestra vida...
Siempre me sentí un pájaro de muchos nidos y por esa razón elegí tener uno propio, donde los pajaritos ya empiezan a volar, pero saben que el nido estará ahí porque los padres son para siempre.
Un afectuoso saludo, Alondra

Alicia Seminara dijo...

Muchas gracias por pasar por mi blog, el tuyo se ve muy interesante y ya soy tu seguidora.

Saludos desde Londres!

cristal de uma mulher dijo...

Meu amado muchas gracias por tu cariño y su blog es una viajen mui linda..mi besos

AnaR dijo...

Tienes un blog muy interesante.Para leerlo con tiempo...

Gracias por tu visita y comentario.

Un abrazo

Mariana dijo...

Yvan:
sentido texto,con un relato exquisitamente humano...confieso que me has hecho llorar...
y gracias por seguir mi blog, nos estaremos leyendo
un gran abrazo argentino!

ivan-medina dijo...

Gracias amigas mías por sus comentarios... es muy grato sentir que tengo lectoras de la calidad humana vuestra.
cariños para todas y felicidades por sus excelentes blogs.